Ildefonso Cerdà, el ingeniero que inventó la ciudad moderna: 150 años de un legado
El padre del urbanismo moderno, antepuso la salud pública y la igualdad social al diseño estético de las grandes capitales
Generalitat de Catalunya, ElNacional.cat, Ara, Totbarcelona, Metropoli Abierta, National Geographic España, Entrespacios, Urban Design Lab
-
Detalle de los chaflanes de 45 grados en las esquinas de las manzanas, una innovación técnica de Cerdà para mejorar la visibilidad y facilitar la movilidad urbana. -
La trama urbana diseñada por Cerdà se caracteriza por una cuadrícula uniforme sin jerarquías, pensada para garantizar igualdad de luz y ventilación en todas las manzanas. -
Reproducción del Plan de Ensanche de Barcelona (1859), obra del ingeniero Ildefonso Cerdà.
El 21 de agosto de 1876, IIdefonso Cerdà y Sunyer (1815-1876) moría a los 61 años en Las Caldas de Besaya, Cantabria. Aprovechando la Capitalidad Mundial de la Arquitectura de Barcelona 2026, Cataluña conmemora el 150 aniversario de la muerte del conocido posteriormente como el padre del urbanismo moderno y de la "Teoría General de la Urbanización" publicada en 1867.
La Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y decenas de instituciones académicas y colegios profesionales han declarado 2026 el Año Cerdà como reconocimiento al pensamiento de este ingeniero nacido en Centelles en 1815, que a día de hoy no ha perdido vigencia.
Ingeniero de caminos, urbanista y reformador social nacido en Centelles (Barcelona), estudió en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. Su primer contacto con el mundo del urbanismo se produjo a raíz de sus estudios y trabajos en el ámbito de la infraestructura y el desarrollo urbano, pero su gran obra fue la propuesta de crear un plan general de ordenación para la ciudad de Barcelona: el Plan de Eixample (plan de ensanche), elaborado entre 1859 y 1860, y que fue revolucionario para su tiempo.
Eixample: urbanismo por la salud y el bienestar
El Plan de Eixample proponía expandir Barcelona hacia el llano del norte mediante una cuadrícula de manzanas octogonales de 113 metros de lado, con chaflanes en todas las esquinas, calles de entre 20 y 60 metros de anchura, y patios interiores abiertos en cada bloque destinados a jardines y equipamientos colectivos.
Cerdà diseñó una cuadrícula sin jerarquías, sin grandes avenidas ni callejones oscuros. Cada manzana debía ser igual que las demás. El objetivo era garantizar la ventilación y la circulación de aire, la luz natural y la movilidad, y todo ello mejoró la salud y el bienestar de los ciudadanos. El lema que guiaba la dualidad de su pensamiento fue la de “ruralizar lo urbano, urbanizar lo rural”; una premisa nacida de sus origenes en el mundo rural de Osana y que pretendió traer a la ciudad las condiciones de habitabilidad del campo sin renunciar a la densidad y la conectividad de la vida urbana.
Los chaflanes en 45 grados, esa firma visual inconfundible del Eixample, respondían a razones prácticas y sociales a la vez: mejorar la visibilidad en los cruces, facilitar el giro de los carruajes (y, sin saberlo, también el de los automóviles que llegarían décadas después) y crear en cada esquina un pequeño espacio público que rompiera la monotonía del trazado. Cerdà pensó incluso en la orientación de las manzanas para maximizar la ventilación según la dirección de los vientos dominantes.
Primer tratado sistemático de urbanismo moderno
Lo que distingue a Cerdà de otros urbanistas de su época es que teorizó antes de ejecutar su plan. Su "Teoría General de la Urbanización" es considerada hoy el primer tratado sistemático de urbanismo moderno, anterior a las grandes escuelas europeas y angloamericanas que codificarían la disciplina décadas después. El propio término 'urbanización', hoy omnipresente, fue acuñado por Cerdà. El decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Pere Calvet, lo resume con claridad: "Cerdà fue capaz de pensar la ciudad de Barcelona no como era sino como debía ser, imaginando un modelo urbano completamente nuevo".
Aun así, el Plan nunca se ejecutó exactamente como Cerdà lo había concebido, ya que se produjeron vaciados graduales de patios interiores de las manzanas, alturas que se dispararon por encima de lo previsto y desaparición del verde interior casi por completo. Sin embargo, la estructura de la cuadrícula resistió. Y esa estructura, como señala el profesor de urbanismo Francesc Magrinyà, ha demostrado "una capacidad de adaptación que no tenía parangón en la planificación del siglo XIX".
El Eixample como laboratorio del urbanismo contemporáneo
Las supermanzanas de Barcelona, el modelo que agrupa varios bloques del Eixample para crear áreas de tráfico reducido y espacio peatonal ampliado, son la prueba más reciente de que la cuadrícula de Cerdà sigue siendo un instrumento vivo. Lo que en el siglo XIX fue pensado como una respuesta a la insalubridad y el hacinamiento se convierte hoy en una plataforma para responder a la emergencia climática, la movilidad sostenible y la salud urbana.
Cerdà consiguió dejar un legado que trasciende su época, y que ha influenciado el urbanismo de muchas otras ciudades del mundo: sus ideas sobre la ordenación urbana, la sostenibilidad y la calidad de vida todavía son fundamentales, su trabajo ha sido reconocido mundialmente y su plan se sigue estudiando como ejemplo de planificación urbana avanzada y responsable.
El Año Cerdà 2026 coincide, no por casualidad, con la proclamación de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura, y también con el Año Gaudí por el centenario de la muerte del otro gran nombre de la arquitectura barcelonesa. Pero mientras Gaudí es celebrado por su singularidad, su organicismo y su genialidad casi mística, Cerdà es reivindicado por exactamente lo contrario: por el rigor, por la racionalidad, por haber puesto la ciencia al servicio de la justicia social.