Tras diez años de espera, el Mueseo Rijksmuseum de Ámsterdam abrirá sus puertas el 13 de abril
Su reforma y ampliación ha sido realizada por el estudio de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz
Quien se hace esperar se hace desear... Y así le ha pasado al museo más importante de Ámsterdam y de toda la región de los Países Bajos, un museo que ofrece a los visitantes un viaje en el tiempo desde la Edad Media hasta Mondriaan. Después de diez años de obras, restauración y remodelación, el Museo Rijksmuseum de Ámsterdam por fin abrirá sus puertas al público el próximo 13 de abril.
Su reforma y ampliación ha sido realizada por el estudio de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Gracias a ellos, el Museo se ha convertido en un edificio totalmente renovado con un nuevo y espectacular hall de entrada, salas magníficamente decoradas y una presentación cronológica de la colección.
El proyecto estuvo bloqueado durante años a causa de las protestas de la Federación Ciclista de la ciudad, que rechazaba el proyecto inicial ya que limitaba el paso de las bicicletas a través del corredor central del edificio, paso estratégico entre el centro y el ensanche de la ciudad.
Para superar esta dura oposición, los arquitectos tuvieron que diseñar una segunda propuesta, diferente a la que presentaron en su día al concurso internacional para la ampliación y remodelación del edificio. Aún así, esta segunda opción, consistente en reservar la nave central del pasaje para el paso de bicicletas, abriendo a ambos lados dos accesos al vestíbulo en el sótano del museo, no convencía del todo a los arquitectos, razón por la que diseñaron una nueva alternativa, ya definitiva, en la que el nuevo vestíbulo respeta la autonomía del paso de las bicicletas, conviviendo éstas con el público del museo, y colocando el acceso principal en la gran galería, lugar donde incialmente se proyectó.
Esta última propuesta, que da con el equilibrio entre visitantes y ciclistas, reserva la nave lateral del pasaje y la mitad de la nave central para el paso de las bicicletas, y separada por una barandilla ligera y transparente, la otra mitad se reserva para la entrada del público a través de un gran vestíbulo, eje vertebrador del Museo.
Un poco de historia
El edificio del Rijksmuseum de Ámsterdam fue proyectado a finales del XIX por el arquitecto holandés Pieter Cuypers. La función del edificio era doble, de una parte museo nacional, de otra, puerta de entrada hacia el sur de Ámsterdam.
El uso museístico ha tenido que pagar un precio extraordinariamente alto por el papel urbano del edificio como elemento de conexión entre la entonces ciudad existente –al norte- y los nuevos desarrollos hacia el sur. Un pasaje, prácticamente una calle, atraviesa el edificio de norte a sur dividiéndolo en dos partes, obligando al museo a tener dos entradas – ambas hacia el norte- y dos escaleras principales, y ocasionando que sólo en planta principal se encuentren conectadas las zonas este y oeste en que el edificio queda dividido por el pasaje en sus dos plantas inferiores.
Sobre el edificio, además, se había intervenido en múltiples ocasiones a lo largo del pasado siglo: las necesidades de espacio expositivo habían llevado a edificar en los patios del edificio original, lo que había provocado una carencia total de luz natural y convertido el recorrido del museo en una experiencia laberíntica en la que el visitante carecía de cualquier dato sobre su posición en el edificio.
En resumen, el museo presentaba las carencias habituales de los museos de esa época en relación al constante aumento del número de visitantes, es decir, falta de un hall de dimensiones adecuadas y de todos aquellos otros servicios hoy imprescindibles, como áreas de información, tienda, cafetería, auditorio etc. Y a ello se unía una total desfiguración de sus espacios originales, tanto en patios como en las propias galerías.
La intervención sobre el edificio inicialmente consistía, por un lado, en abrir una nueva y única entrada al museo ocupando para ello la nave central del pasaje y por otro, en recuperar los patios y los espacios expositivos, recuperando hasta cierto punto su estado original o al menos sus dimensiones.
Si bien el primero de los propósitos no pudo ser llevado a término al tropezar con la radical oposición de las asociaciones de ciclistas, sí se ha llegado a generar un gran hall central al unir los patios este y oeste del edificio bajo el pasaje. El gran espacio que se genera al abrir y conectar los patios albergará todos los usos imprescindibles para recibir a los visitantes, y constituirá un digno espacio a la escala que la grandiosidad del edificio merece. Desde el pasaje se accede a este hall y desde él, se inician los recorridos hacia las zonas expositivas, enlazando con las grandes escaleras originales.
En el nuevo espacio creado, se ha empleado piedra natural caliza como material fundamental, una piedra de un tipo no presente en otras zonas del edificio, pero que sin embargo, permite unir lo nuevo y lo antiguo sin complacencia en la yuxtaposición o el contraste. Este mismo material ha sido empleado en las dos pequeñas intervenciones de nueva planta que se ejecutan en el jardín. Los patios, con suelo levemente inclinado se conectan bajo el pasaje, y sobre cada uno de ellos se ha suspendido una estructura con misiones acústicas y de iluminación, los “chandeliers”.