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"Cuando voy a trabajar soy `la gruista de la obra'. No me tienen que mirar como mujer o como hombre, sino respetar mi trabajo"

María José Pérez Sosa, con más de 20 años de experiencia a sus espaldas, es una de las primeras mujeres gruistas de España

Entrevista

María José Pérez Sosa es una de las primeras mujeres gruistas de nuestro país, formada como operadora de grúa torre en la Fundación Laboral de la Costrucción, en Las Palmas. Hace más de 20 años, esta canaria buscó un futuro mejor en el sector de la construcción, por el que ha sentido pasión desde niña. Desde entonces, María José ha sido pionera en un ambiente que, todavía hoy, es mayoritariamente masculino. Si bien sus comienzos en la construcción no fueron fáciles, su esfuerzo y el amor por su trabajo han hecho de esta mujer todo un referente del sector en Canarias.

PREGUNTA.- ¿Cómo empezaste a interesarte en el sector de la construcción?

RESPUESTA.- Antes de dedicarme a la construcción, yo trabajaba en una empaquetadora de plátanos. En un momento dado, la empresa iba a presentar un ERE, y pensé en prepararme una profesión porque me iba a quedar sin trabajo. Vi que la Fundación Laboral de la Construcción ofertaba un curso de Operador de Grúa Torre y pregunté por él. Sabía que iba a ser la única mujer, pero me inscribí en el curso.

P.- ¿Cuál fue la reacción de tus compañeros al ver que había una mujer en el curso?

R.- Todo el mundo estaba asombrado por mi presencia: era la única chica y se me quedaban mirando. Sin embargo, en el curso, yo aprovechaba todo el tiempo que podía porque yo quería ser gruista ante todo. Por ejemplo, durante las clases prácticas me esforcé mucho. Si faltaba algún compañero, yo cogía su turno, y cuando los demás se iban, seguía practicando con la grúa. Al final, aprobé todos los exámenes a la primera y me hice gruista.

P.- ¿Por qué te lanzaste a este sector?

R.- A mí me gustaban las máquinas desde pequeña. Veía las grúas y pensaba que era imposible conducir esas máquinas tan grandes. Desde niña he sentido las grúas dentro de mí.

P.- Después de tu paso por el curso de Operador de Grúa Torre, ¿cómo encontraste tu primer empleo en el sector?

R.- Un día, al terminar el curso con la Fundación Laboral, me llamaron para hacer una prueba en una empresa. Me citaron cuando no había nadie en la obra, superé la prueba y empecé a trabajar en la empresa. Un tiempo después, cuando ya estaba integrada en la plantilla, el encargado me confesó que me habían llamado porque al oír mi nombre pensó que era broma que hubiera una mujer gruista titulada.

P.- ¿Y qué sentiste en tu primer día de trabajo en la construcción?

R.- El primer día yo quería irme de allí. Solo había hombres y todo el mundo me miraba, pero yo me dije: ‘¿Para qué te has hecho gruista? Es ahora o nunca’. Y me quedé. La gente al principio se asombraba al verme, pero después vieron que trabajaba bien. 

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

R.- Me gusta todo. Sin embargo, si tuviera que elegir, el encofrado es lo que más me gusta: levantar la estructura desde cero, hormigonar, trabajar con el hierro... Yo siento pasión por las grúas y por mi trabajo. Disfruto trabajando. Aunque no vea la grúa, solo con oír los motores sabría qué movimientos está haciendo.

P.- ¿Pensaste en algún momento en tirar la toalla?

R.- Al principio cuesta un poco, porque te tienes que adaptar a la gente. Yo desde que empecé a trabajar en esto tenía claro que yo era gruista, una profesional aunque no tuviera mucha experiencia, porque la experiencia la vas adquiriendo con el trabajo. Yo me quedé y sigo hasta ahora, y no he tenido problemas nunca. Mis compañeros siempre se han portado con respeto. No me tratan mal; no me puedo quejar.

P.- ¿En estos 20 años ha cambiado la forma en la que te relacionas con los compañeros?

R.- El trato siempre ha sido bueno, y cada vez mejor. Yo me siento una buena profesional: sé lo que tengo entre las manos y lo que hago. Por eso no le tengo miedo a ningún hombre, me adapto a cualquier situación. Tengo claro que soy la gruista de una obra. No me tienen que mirar como una mujer o como un hombre, sino respetar mi trabajo.

P.- ¿Con cuántas mujeres te has encontrado en el sector?

R.- Muy pocas. He pasado por tres empresas del sector y la mayor parte de mujeres que he encontrado trabajan en la oficina. Son jefas de obra, encargadas, topógrafas... Una vez me encontré con una mujer que era electricista, pero cuando llegó la crisis tuvo que dejar el sector.

P.- ¿Por qué crees que las mujeres no se animan a trabajar en la construcción?

R.- Yo creo que las mujeres de mi edad no se deciden porque creen que no van a encontrar trabajo. Tienen miedo a que las empresas no las contraten. Además, piensan que van a terminar en un mundo de hombres. En mi caso, todavía la sociedad se extraña de ver a una mujer con una grúa. Pero a mí me gustaría llegar a una obra y encontrarme una cuadrilla de encofradoras o pintoras. Me gustaría que se decidieran, que no tuvieran miedo. Yo animo a las mujeres a que, si están decididas, se lancen a trabajar en el sector de la construcción. Ellas van a hacer lo que quieren, su trabajo. Yo soy una mujer entre 400 hombres, y en la obra soy una más. Además, yo creo que, en algunos casos, también es verdad que trabajamos mejor que los hombres, nos preocupamos más por los detalles. Tenemos un sexto sentido en este aspecto.

P.- ¿Qué le dirías a una chica que se plantea formar parte del sector de la construcción?

Yo le diría que no tuviera miedo. Yo llevo 21 años en el sector porque así lo quise. No tiene que pensar en nada ni en nadie, sino en hacer lo que le gusta, su trabajo, sin pensar en el qué dirán. Yo creo que cada uno tiene que estar seguro de lo que quiere. A lo mejor, después, al trabajar en la construcción, ve que el sector no era como pensaba. Por ejemplo, a mí mis compañeros me tienen respeto. Los hombres no se comen a nadie.

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