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Una burbuja de crédito de responsabilidad compartida: todas las claves del crac inmobiliario

Ni los Gobiernos ni los gobernadores del Banco de España atajaron la espiral de endeudamiento y de precios de la vivienda

Reportaje

Los éxitos tienen multitud de padres, pero los fracasos son hijos bastardos que buscan eternamente la madre que los parió. En el reparto de facturas desatado con la larga y predatoria crisis económica de los últimos seis años, cada cual ha adjudicado la responsabilidad de los acontecimientos a conveniencia ideológica, sin la contextualización debida y sin aportar un análisis medianamente detallado de la evolución de los datos.

El fenómeno de la burbuja inmobiliaria, situado por la doctrina como el motor de las desgracias que soporta ahora la economía española, es ejemplo paradigmático de ello, y se ha convertido en etiqueta prelidecta para afear la conducta a la izquierda y a la derecha, a los liberales y a los intervencionistas. Analizados los acontecimientos con la suficiente amplitud histórica puede concluirse que ni una cosa ni la otra es correcta. Veamos.

Para empezar, vaya por delante que los datos niegan la mayor: no ha habido burbuja inmobiliaria en España en los años de este siglo. Sí ha habido burbuja de crédito que ha (de)generado en burbuja de precios inmobiliarios, pero en absoluto burbuja de producción inmobiliaria. Tomadas separadamente las últimas cuatro décadas se observa que no ha sido la última la de mayor avance del parque de viviendas: ha aumentado un 20,3%, mientras que en la última del siglo pasado el número de casas avanzó un 21,73%, a su vez bastante más modesto que el avance del 38,1% de la década de los setenta. Incluso en valores absolutos el avance de los diez primeros años del siglo XXI es similar al de los decenios precedentes: 4,26 millones de casas, frente a los 4,06 millones en los setenta, los 2,48 millones en los ochenta y los 3,74 millones en los noventa.

El incremento del parque es paralelo al que registra la población (sólo ligeramente más acelerado en el primer decenio del siglo) y el número de hogares. De hecho, el parque de casas supera al número de hogares en un porcentaje que está estancado en el 45% desde 1980, y en los últimos años ha descendido de tal umbral. La referencia de las casas vacías avala también esta tesis; ahora están en esa situación: el 13,6% de las viviendas frente al 14,8% de 2001, o el 16,3% de 1981, o el 12,7% de 1971.

Demasiado dinero

No hay, por tanto, burbuja de producción de viviendas. Sí hay burbuja crediticia y de liquidez que genera una descomunal burbuja de precios (inflación inmobiliaria), que arrastra a todas las variables de costes y precios, y estrangula las finanzas domésticas y la competitividad de la economía.

Ante tal fenómeno no es complicado identificar las responsabilidades: las autoridades monetarias. De todos los excesos financieros es culpable una pirámide de jerarquía en cuyo vértice se sientan los banqueros centrales, que han decidido dispensar demasiado dinero, demasiado barato durante demasiado tiempo. Pero también son responsables subsidiarios los políticos, que propician una regulación laxa en materia de solvencia bancaria; los gestores bancarios, que emprenden programas de gestión que bonifican la concesión de crédito sin rigor en el análisis del riesgo; los Gobiernos, que no aplican compresas frías para bajar la temperatura de la actividad crediticia; y la clientela bancaria, que toma crédito sin analizar en tiempo y forma si podrá devolverlo.

España engendró y engordó la última burbuja crediticia-inmobiliaria sin autonomía monetaria: sin divisa propia y sin poder de decisión alguno sobre los tipos de interés. Pero no es excusa para el Banco de España con recién estrenada ley de autonomía, que si bien disponía de un audaz mecanismo de provisiones sobre crédito (que devino en insuficiente) e hizo reiteradas advertencias sobre el crecimiento del crédito y el avance desmesurado de los precios de los activos inmobiliarios, tiene un balance de censurable pasividad ante los acontecimientos, hasta permitir que casi la mitad del sistema financiero se le cayese encima. Y lo tiene con todos sus gestores, aunque sea con matices.

Más allá de las instituciones económicas y de supervisión bancaria, en España se despachan con ligereza y discutible solidez responsabilidades de los gestores políticos. Pero haciendo abstracción de la simple y casi siempre ciega intencionalidad ideológica, se detecta complicidad de intereses entre distintas sensibilidades en la paternidad de las decisiones que movilizaron la construcción y la compra compulsiva de viviendas en España en los últimos quince años, y que en parte fueron responsables de uno de los periodos de crecimiento más longevos de la historia reciente.

** Reportaje completo en CincoDias.com

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