La construcción presenta la mejor evolución en relación con la siniestralidad, según un informe de CNC
Uno de los autores del informe, Federico Durán, catedrático de Derecho del Trabajo y socio de Garrigues, explica que “en particular, en el origen de los avances reseñados están el compromiso y la implicación de los agentes sociales. El IV Convenio General del Sector de la Construcción constituye un ejemplo en ese sentido, sobre todo su libro II, dedicado íntegramente a los aspectos relativos a la seguridad y salud en el trabajo. También la labor de la Fundación Laboral de la Construcción y del Organismo Paritario de Prevención en la Construcción (OPPC) han sido determinantes”.
El informe recoge que el índice de accidentes graves, y sobre todo mortales, es claramente descendente, pasando de 187 accidentes graves por cada 100.000 trabajadores en 1996, a 117 en 2006, y de 19 accidentes mortales por cada 100.000 trabajadores en 1996, a 12 en 2006 (con un leve repunte en 2002).
Federico Durán explica que, aunque no se debe ignorar la gravedad de la situación: “Dicha disminución pone de manifiesto que se vienen adoptando algunas soluciones que están mejorando de modo significativo los resultados de periodos anteriores”.
El informe formula recomendaciones y propuestas para su corrección, como el fomento de la interiorización de una cultura preventiva, conducente a la integración efectiva de la prevención de riesgos laborales en las empresas, y de afrontar los factores estructurales que marcan el desempeño de la actividad profesional en la construcción (la complejidad de la obra, el alto nivel de rotación de la mano de obra, la generalizada utilización de la subcontratación) y que dificultan la efectiva implantación de unas adecuadas condiciones de seguridad y salud en las obras.
Para ello, deben adoptarse medidas tanto de reforma legislativa (formulación de un concepto de accidente de trabajo a efectos preventivos, simplificación y sistematización de la normativa legal específica del sector, reordenación de las responsabilidades derivadas del accidente, revisión de la prohibición de recurrir a los servicios de las empresas de trabajo temporal), como de investigación, de formación (de los trabajadores y de los técnicos que intervienen en la obra, tanto en fase de proyecto como de ejecución) y de organización de las actividades y servicios de prevención.
Asimismo, el autor del informe expone que “más importante que la adopción de esas medidas, sin embargo, es continuar con las labores de concienciación y de vigilancia desplegadas por los agentes sociales del sector, reafirmando la colaboración en estas materias (el papel del OPPC y de la Fundación Laboral de la Construcción puede ser todavía más incisivo que el desarrollado hasta ahora), en las que sólo, desde la responsabilidad compartida y de la apuesta común por la protección de la seguridad y salud en el trabajo, pueden conseguirse resultados positivos y duraderos”.
En las conclusiones del informe se recoge que, desde el punto de vista de la siniestralidad, el sector de la construcción tiene características singulares: se trata de una actividad de riesgo; la obra de construcción presenta particularidades, derivadas de la existencia de dos fases distintas, de proyecto y de ejecución, que exigen una atención específica y una elevada coordinación; la organización de la propia obra es compleja y en ella intervienen una pluralidad de sujetos; y también concurren factores externos, como la generalización de la descentralización como fórmula de organización productiva y la alta temporalidad de la actividad y, por tanto, del empleo en el sector.
Fuente informativa: Cinco Días.